Pedro III el Grande (1240-1285),
Rey de Aragón (1276-1285), iniciador de la expansión mediterránea de
sus reinos. Era hijo de Jaime I y de su segunda esposa Violante de Hungría.
Siendo infante, intervino activamente en las campañas contra los mudéjares de
Murcia y de Valencia, así como en diversas campañas contra nobles rebeldes.
Pedro III tiene una gran importancia en la historia institucional de sus reinos.
Su propósito de fortalecer la autoridad real chocó tanto con la nobleza feudal
como con las oligarquías urbanas. La alta nobleza aragonesa, que había formado
la Unión, le obligó a aprobar, en las Cortes de Tarazona y Zaragoza de 1283,
el Privilegio General. En ese mismo año el rey aragonés hubo de hacer
concesiones a los valencianos, a los que otorgó el Privilegium magnum.
Pedro III puso las bases del constitucionalismo de la Cataluña medieval, debido
a las concesiones que hizo a la nobleza en las Cortes de Barcelona de 1283-1284
y a la aprobación de las Constuetuds de la ciudad de Barcelona.
Simultáneamente se desarrollaron los acontecimientos de Sicilia. Pedro III,
casado con Constanza Staufen de Sicilia, podía alegar derechos a la isla, en
donde se habían instalado, desde 1266, los Angevinos (familia de Anjou). Pedro
III preparó cuidadosamente el terreno, logrando la neutralidad de los reinos de
Castilla, Portugal, Granada e Inglaterra. En marzo de 1282 tuvo lugar en la isla
la insurrección antifrancesa conocida como Vísperas Sicilianas. Pedro III, al
frente de una escuadra, desembarcó en Sicilia, siendo coronado rey en la ciudad
de Palermo, dejando allí a su esposa como gobernadora. La réplica de los
Angevinos y sus aliados fue contundente, pues mientras el pontífice excomulgaba
al monarca aragonés, Felipe III de Francia atacaba Cataluña, llegando en 1285
a Gerona, aunque finalmente hubo de retirarse. Al morir Pedro III, Sicilia pasó
a su segundo hijo, Jaime.